Madrid vivió este domingo una jornada sin precedentes con la visita del papa León XIV, que presidió la misa del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles ante más de 1.200.000 fieles, según las primeras estimaciones de la Policía Nacional. La capital se rindió al Pontífice desde las primeras horas de la madrugada, cuando los principales ejes de la ciudad —Alcalá, Castellana, Recoletos, la Gran Vía— quedaron ya tomados por peregrinos llegados de toda España.
El altar, instalado frente al Palacio de Cibeles, se decoró con miles de flores y coronado por un crucificado de estilo románico bajo un baldaquino de maderas. A las 9:32 horas, la llegada del Papamóvil a la plaza desató la aclamación de la multitud. León XIV, vestido de blanco inmaculado, recorrió más de tres kilómetros entre fieles antes de recibir la llave de la ciudad de manos del alcalde, José Luis Martínez Almeida. Los Reyes de España, acompañados de la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, ocuparon sus lugares pocos minutos antes del inicio de la celebración.
En la homilía, el Papa reconoció tener «el corazón colmado de alegría» y subrayó que en España el Corpus Christi representa un retorno a las raíces de la fe. Elogió la riqueza de la religiosidad popular española —las alfombras florales, los altares callejeros, las custodias— pero advirtió que la procesión «va siempre por dentro», que la fe auténtica exige dejarse sacar del egoísmo y la indiferencia. Recordando al obispo San Manuel González, León XIV lanzó lo que puede considerarse el mensaje central de su visita: que la religiosidad española «no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy».
El momento de mayor intensidad llegó al filo de las 11:30 horas, cuando el Pontífice tomó la custodia y encabezó la procesión eucarística por la glorieta de Cibeles en dirección a la Gran Vía. Precedido por niños que habían hecho su Primera Comunión semanas antes y por sacerdotes recién ordenados, León XIV portó el Santísimo bajo un palio dorado mientras la coral entonaba el Pange lingua y, más adelante, el canon teresiano Nada te turbe. Un aplauso espontáneo recorrió la avenida. Pocas imágenes de este viaje apostólico quedarán tan grabadas como la del obispo de Roma caminando con el Santísimo por la principal arteria del centro de Madrid.
Pasadas las 12:10 horas, reservado el Santísimo, el Papa se despidió de la multitud. Madrid quedó con la certeza de haber protagonizado una de las concentraciones religiosas más multitudinarias de su historia reciente.




