La Policía Nacional ha desarticulado una trama de captación fraudulenta tras detener en Madrid a un hombre acusado de delitos de estafa, falsedad documental y favorecimiento a la inmigración ilegal. El investigado se dedicaba a captar a jóvenes promesas del fútbol en Sudamérica, aprovechando sus aspiraciones profesionales para prometerles contratos en clubes de élite del fútbol español a cambio de pagos que alcanzaban los 3.000 euros.
La investigación comenzó gracias al testimonio de dos testigos que alertaron sobre las maniobras del arrestado. Este contactaba directamente con las víctimas asegurándoles tener influencias y contactos directos en las directivas de los equipos más prestigiosos del país, garantizando no solo el éxito deportivo, sino también la regularización de su situación administrativa en España.
Documentación falsa y engaño en los controles fronterizos
Para dotar de veracidad al engaño, el detenido entregaba a los jóvenes los denominados "compromisos de invitación". Estos documentos, supuestamente emitidos por clubes reales de la geografía española, certificaban que el jugador se incorporaría al primer equipo durante tres meses con todos los gastos de estancia cubiertos. No obstante, las pesquisas policiales y las declaraciones de directores deportivos confirmaron que dichos papeles eran falsificaciones que las entidades no reconocían.
El estafador instruía a los futbolistas sobre cómo superar los controles fronterizos en el aeropuerto, instándoles a declarar que el motivo de su viaje era estrictamente deportivo y a mostrar pruebas gráficas de su trayectoria profesional para evitar sospechas migratorias.
El desamparo y abandono de los deportistas
Una vez en España, la realidad era drásticamente distinta a lo prometido. Tras obligarles a firmar contratos de representación donde se reservaba el 10% de sus ganancias futuras, el detenido trasladaba a los jóvenes a equipos de categorías inferiores para realizar pruebas. Al no poder tramitarse las licencias federativas necesarias para competir, los jugadores eran expulsados de las instalaciones.
En ese momento, el arrestado se desentendía de las víctimas, dejándolas en una situación de absoluta precariedad. Muchas de ellas, que habían solicitado préstamos en sus países de origen para pagar la estafa, terminaron en una situación de desamparo extremo, llegando incluso a dormir en la vía pública al carecer de apoyo económico o familiar. Hasta el momento se han identificado seis víctimas directas, aunque se sospecha de ramificaciones en otros países europeos como Italia.





