España avanza con decisión en la adopción de las microcredenciales, impulsadas por el marco europeo y por la necesidad urgente de mejorar la empleabilidad en un mercado laboral en transformación. Sin embargo, a medida que universidades y centros de formación despliegan programas financiados y pilotos institucionales, emerge un reto central: cómo convertir la formación en evidencias verificables de competencias, especialmente en aquellas habilidades transversales que hoy reclaman los empleadores.
Conviene precisar el punto de partida. En la Unión Europea, una microcredencial no es un simple curso corto. Según la Recomendación del Consejo de la UE de junio de 2022, se trata de un registro de resultados de aprendizaje evaluados, descritos de forma transparente y diseñados para facilitar su reconocimiento dentro y fuera del país de origen. Es decir, el valor de la microcredencial no reside en su duración, sino en su credibilidad y comparabilidad.
Esta definición sitúa el foco en un aspecto que durante años ha quedado en segundo plano: la certificación rigurosa de competencias, y no solo la oferta formativa.
Del marco europeo a la implementación real en España
España ha pasado rápidamente de la estrategia a la ejecución. A través del Plan de Recuperación, universidades y comunidades autónomas han puesto en marcha planes de microcredenciales orientados a recualificación, aprendizaje permanente y conexión con el tejido productivo. El debate ya no es conceptual, sino operativo.
En esta fase, muchas instituciones descubren que el verdadero cuello de botella no está en diseñar contenidos, sino en evaluar y certificar competencias de forma homogénea y creíble, especialmente las transversales. Aquí es donde empiezan a ganar relevancia iniciativas especializadas como EASEC – European Accreditation of Soft Skills & Employability Competencies, que actúa como entidad europea de referencia en la certificación de competencias transversales alineadas con estándares internacionales y con emisión interoperable en Europass.
La pregunta que se hacen cada vez más responsables académicos es clara: ¿cómo asegurar que una microcredencial no sea percibida como un simple “certificado de asistencia”, sino como una señal fiable para el empleo?
El mercado laboral ya ha dado su veredicto
Los datos refuerzan la urgencia del cambio. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum estima que el 39% las habilidades clave cambiará antes de 2030, impulsado por la automatización, la inteligencia artificial y nuevos modelos organizativos. En ese escenario, las habilidades técnicas conviven con una demanda creciente de capacidades humanas como pensamiento crítico, adaptabilidad, comunicación y liderazgo.
Esta tendencia no es abstracta. El análisis de millones de ofertas de empleo en Europa, realizado por Cedefop, muestra que las competencias transversales aparecen de forma recurrente en los anuncios, con un peso significativo en la demanda agregada. Aunque su importancia varía por sector, el mensaje es inequívoco: las empresas buscan evidencias claras de habilidades que no siempre quedan reflejadas en los títulos tradicionales.
Aquí es donde la certificación cobra protagonismo. Las microcredenciales solo aportan valor real si permiten distinguir entre quien ha desarrollado una competencia y quien simplemente ha completado una formación. En este punto, EASEC se posiciona como una respuesta estructural al problema, al ofrecer certificaciones específicas de soft skills, basadas en evaluación y alineadas con marcos europeos, que pueden integrarse en estrategias de microcredenciales institucionales.
Europass: la infraestructura que da sentido a las credenciales
Otro elemento clave del ecosistema es Europass, a menudo reducido erróneamente al “CV europeo”. En realidad, Europass funciona hoy como una infraestructura de credenciales digitales verificables, a través de las European Digital Credentials for Learning. Estas permiten emitir, almacenar y verificar resultados de aprendizaje de forma segura y estandarizada en toda Europa.
Esta infraestructura es esencial para que las microcredenciales cumplan su promesa de portabilidad y reconocimiento. Pero la tecnología, por sí sola, no resuelve el problema de fondo: qué se certifica y con qué criterios. De ahí que cada vez más instituciones busquen aliados especializados para asegurar que las competencias transversales —tradicionalmente difíciles de medir— se certifiquen con el mismo rigor que las técnicas.
EASEC encaja precisamente en ese espacio, actuando como puente entre la evaluación de competencias humanas y su emisión como credenciales verificables compatibles con Europass.
Soft skills, ODS y educación con impacto real
La relación entre competencias transversales y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) suele mencionarse de forma genérica, pero tiene un anclaje concreto en el ODS 4: Educación de calidad, que incluye el desarrollo de habilidades relevantes para el empleo y el aprendizaje a lo largo de la vida. Organismos como UNESCO han subrayado el papel del aprendizaje socioemocional en la construcción de sistemas educativos más inclusivos y orientados al desarrollo sostenible.
Desde esta perspectiva, certificar competencias transversales no es una moda, sino una forma de alinear educación, empleabilidad y responsabilidad social. Sin embargo, para que este vínculo sea creíble, debe apoyarse en estándares claros y evaluaciones consistentes, evitando declaraciones vacías.
El verdadero desafío para universidades y centros de formación
La experiencia reciente muestra que muchas instituciones están preparadas para impartir formación, pero no siempre para demostrar impacto. La proliferación de cursos y certificados ha generado, en algunos casos, inflación credencial: muchas credenciales, poca diferenciación.
El enfoque europeo de microcredenciales pone el énfasis en resultados de aprendizaje evaluados. En ese marco, la certificación de competencias transversales se convierte en un factor diferencial. Integrar certificaciones externas, alineadas con estándares europeos y reconocibles por empleadores, permite a las instituciones reforzar la credibilidad de sus microcredenciales sin renunciar a su autonomía académica.
Aquí, EASEC no actúa como sustituto de la universidad, sino como complemento estratégico, aportando estandarización, comparabilidad y conexión directa con las demandas del mercado laboral europeo.
Una oportunidad que España no debería desaprovechar
España tiene la oportunidad de situarse a la vanguardia europea en microcredenciales si evita medir el éxito únicamente por volumen. El verdadero impacto se jugará en la calidad de las credenciales emitidas y en su capacidad para mejorar la empleabilidad real de estudiantes y profesionales.
En un mercado laboral volátil, donde las trayectorias son cada vez menos lineales, certificar competencias con evidencia verificable deja de ser opcional. Las microcredenciales pueden ser el vehículo; la certificación rigurosa de competencias transversales, el elemento que marque la diferencia.
La pregunta ya no es si España adoptará las microcredenciales. La pregunta es si sabrá convertirlas en una herramienta efectiva de reconocimiento, movilidad y empleo en Europa. En esa respuesta, iniciativas como EASEC tienen un papel cada vez más visible y necesario.




